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COMENTARIOS Y CRÍTICAS

Manuel Kayser Zapata.
Pintor-Catedrático de Dibujo Artístico.
Escuela de Arte - Jaén.

 Manuel Jódar Ibáñez se suma al listado de autores plásticos jiennenses que generosamente ofrecen a sus paisanos, a la cultura... lo mejor y más íntimo que pueden dar: Sus Obras.

La muestra es básicamente una monografía; tema y procedimiento se unen para expresar un contenido común: ser testimonio gráfico de los lugares contemplados y vividos por el autor. Arquitecturas emblemáticas, rincones significativos, lugares que han dejado huella a su paso... se convierten en fuente de inspiración.

La aplicación que hace del lenguaje no presenta equívocos en la dicción. Las imágenes se definen con tal nitidez que invitan al contemplador a la aproximación de las obras para su deleite.

Manuel Jódar nos comunica con sus dibujos un mundo realista, de aguda percepción, de abundantes recursos gráficos en las soluciones texturadas... a la vez que materializa las formas de contenido amable, sencillo, directo, sereno y humilde; auténtico reflejo de sí mismo.

En lo referente al procedimiento, el autor retoma la aguada de nogalina, técnica muy difundida durante el Renacimiento y Barroco, y casi olvidada en la actualidad como consecuencia del gusto por otras técnicas menos austeras: acuarela, guache...

Su aplicación es directa, viva, sin grandes alardes de virtuosismo técnico en las dos maneras posibles de aplicación: sobre soporte seco y húmedo. Como medio instrumental utiliza el pincel y la pluma, elementos que materializan la línea y mancha, tan presentes en la estética de los dibujos expuestos.

Jaén, abril de 1999


Angustias Mª Rodríguez Ortega

FRAGMENTOS ARQUITECTÓNICOS

"Hay en todo momento
-cuando estamos frente a las cuartillas-
una palabra, la palabra precisa, esa y no otra"

AZORÍN

Con estas palabras se refería el escritor noventayochista al proceso de creación literaria para indicar el trabajo riguroso, medido, técnicamente elaborado, artesanal y vivido del creador. Del creador literario y del creador que se manifiesta en las aguadas de Manuel Jódar.

Las obras del pintor-dibujante representan un universo arquitectónico concebido no unitariamente sino como una superposición de fragmentos en que los monumentos y bienes culturales que configuran la ciudad quedan desintegrados en elementos selectivos, y, sin embargo, esta fragmentación nos avisa del esfuerzo del pintor por comprender la ciudad, eso sí, a partir de la elaboración de un plan minucioso y metódico.

A primera vista pudiera parecer que la composición de estos paisajes urbanos procede del s. XVIII y de los paradigmas creados por G. B. Piranesi, uno de los primeros artistas contemporáneos orientados a la reinterpretación y crítica ética del espectáculo arquitectónico de Roma; los veduttisti venecianos como Canaletto cuando trabaja con primor del artesano y poetiza la atmósfera con luces pálidas que transfiguran los prismas arquitectónicos. Si embargo, aunque Manuel Jódar parece compartir con éstos que la fantasía se nutre de la realidad y reconoce el valor del paisaje arquitectónico por sí solo, sus dibujos no están al servicio de la divulgación turística que tanto condicionaba a Canaletto ni exalta el carácter romántico de la ruina como gustaba Piranesi.

Pero, además, no es la técnica del aguafuerte, empleada por los paisajistas urbanos dieciochescos, la que utiliza, sino la de los colores opacos de las aguadas que enfatizan mejor el vigor y el relieve del paisaje. El propósito confesado por el propio autor de recuperar la aguada con tinta de nogal, tan en línea con la tradición renacentista, evidencia la necesidad de adecuar los recursos técnicos con la opción estética del clasicismo. Dicho de otra manera, nada mejor que la aguada para dotar de expresividad unos fragmentos arquitectónicos de gran elegancia y cuidada euritmia, marcados por la serenidad y mediatizados por el canon de la perspectiva.

Estos fragmentos particulares, seleccionados por su valor universal y voluntariamente descontextualizados del escenario urbano, sometidos al implacable orden de la simetría y la perspectiva axial, evocan la armonía de la arquitectura al tiempo que reflejan la relación del artista con esas muestras arquitectónicas que hace suyas y que nos devuelve interpretadas desde su sensibilidad de creador y su técnica depurada.

Curiosamente, Jaén y Ronda quedan hermanadas -fragmentariamente hermanadas- por estas aguadas en las que se exalta la sosegada monumentalidad con vocación de eternidad de los arcos rondeños sobre el puente, el palacio de los Vilches o la Catedral de Jaén. Lo cierto es que aquí la cultura gana la partida a la naturaleza. A mediados de siglo, un pintor tan dotado y enamorado de Ronda como Carlos Sáenz de Tejada subordinó la representación pictórica de aquella realidad arquitectónica a la exaltación romántica del paisaje serrano que la circunscribe. A Manuel Jódar, en cambio, le interesa resaltar en estas aguadas los claros perfiles de cubos y volúmenes arquitectónicos, los imperativos ordenadores de los puntos de fuga, la racionalidad estructurante del dibujo, el disfrute conceptual y visual, en definitiva, de una arquitectura humanista en la que el gran ausente es la figura humana.


Alberto Díaz-Villaseñor Cabrera.

"Manolo Jódar nos presenta no sólo una colección de imágenes magistralmente ejecutadas, desarrolladas con increíbles sensibilidad y técnica; es algo más lo que el autor nos proporciona, es un viaje al pasado. Contemplando estas imágenes, que yo llamaría escenas de piedra viva, el espectador no sólo asiste a un alarde de maestría artística, sino que se ve trasladado a épocas pretéritas, como si el observador dejara de serlo para convertirse en viajero del tiempo. Estos dibujos no son sólo como los grabados de los viajeros románticos alemanes, franceses e ingleses que viajaron España, ni estamos ante las fantasías de Gustave Doré; la impresión que nos causa esta exposición es la que podríamos experimentar al revelar las fotos de un viaje pretérito si nos hubiera sido permitido pisar las calles de la España imperial, de la Andalucía barroca en sus mejores momentos.

En algunas de las obras uno adivina la otra pasión de Manolo Jódar, la Fotografía. Sus dibujos casi hiperrealistas (algunos), no dejan de estar imbuidos por aquello que se llamó el nuevo pictorialismo; o incluso de algo de los mejores exponentes actuales del cómic (gran arte, ¡pardiez!). ¿Ortiz Echagüe? No, Manolo Jódar, único."


Miguel Viribay Abad.

Pintor y profesor de dibujo en el Instituto de Enseñanza Media de Arjona, Manuel Jódar Ibáñez muestra sus últimas obras en el Colegio Oficial de Arquitectos de Jaén. Aguadas realizadas sobre soportes frágiles y sin embargo sutilmente rigurosas en su ambición de concepción formal, expresada en las diferentes cartulinas que acercan imágenes de paisajes y fragmentos arquitectónicos arrancados a las geografías de Ronda, Arjona y Jaén.

Busco la presentación de Angustias María Rodríguez, hecha para la ocasión, y en las páginas que ocupa, encuentro una feliz referencia al paisajismo urbano del siglo XVIII, a los pintores de vedute, y al gran grabador Giambattista Piranesi. En los tres casos encuentro verdades que cuadran para hablar de esta exposición: en los primeros está la fuente que sirve para entender el interés del paisaje urbano y sus elementos arquitectónicos particulares; los vedudistis, de alguna manera, están solapados con los anteriores, es el caso de Bernardo Bellotto -Canaletto-, en cuyo cuadro "Las ruinas de la antigua Kreukirche en Dresde", nos aleja de los canales venecianos que pintó su tío; y Piranesi, porque desde su condición de arquitecto trató de manera ejemplar la arquitectura romana en sus aguafuertes.

Con una visión, siquiera aproximada, de algunos fenómenos de parecida naturaleza artística, la mirada se acerca a los trabajos de Manuel Jódar con cierta facilidad; en sus espacios exteriores y abiertos contemplamos el documento bien estructurado de su tipología; en los fragmentos -interiores o exteriores- bien seleccionados de arquitectura, la referencia precisa del motivo elegido, y la destreza adecuada para dotarlo de singularidad, de rigor, y de valor arqueológico.

En cuanto a la reivindicación de la aguada como procedimiento, en el caso que nos ocupa mediante tinta de nogal, conviene precisar que su fluctuación sobre el papel deja un mundo de transparencias que quitan rigidez al elemento arquitectónico. Hecho que conocen bien los antiguos arquitectos, que entre los ejercicios de carrera, además de los trabajos de mancha, debían cultivar la tinta lavada como procedimiento. Por otra parte, exigido también a los licenciados en Bellas Artes que decidían participar en las oposiciones a los antiguos Institutos de Bachillerato.

Manuel Jódar nos acerca con esta exposición un antiguo procedimiento, con sus intrínsecas sutilezas y sus encantos, que encuentra como vehículo de expresión y pretexto el mundo del fragmento arquitectónico en muchos casos arrancados a la Catedral de Jaén: "Torre y Farola", "San Pedro", "Órgano de la Catedral", "Capitel del Sagrario",... son obras de ajustado dibujo y certera dicción que notifican por sí solas el interés de esta exposición.


© 1998 Manuel Jódar Ibáñez